Koningsdag

Koninginnedag 2011

Con todo este follón del COVID-19 casi se me pasa hablar sobre una de las fiestas más locas que nunca he visto… Bueno, de hecho sí que se me pasó porque era para finales de abril y me acordé casi un mes más tarde.

Y… probablemente, no sea tan loca si la comparamos con los Correfocs en Cataluña o fin de año en Berlín. Todo depende de con quien hables. Pero es que a mí me impactó mucho.

Cada año, el 27 de abril se celebra en los Países Bajos lo que se conoce Koningsdag o Dia del Rey (de Koning – rey y dag – día y que pronunciaríamos algo así como koningsdaj)

Antiguamente era el 30 de abril y se conocía como Koninginnedag o Día de la Reina, pero desde que el rey actual, el rey piloto, cogió el trono del país, naturalmente, se cambió la fecha.

¿Qué pasa este día?

En Den Haag (La Haya) sucede la parte aburrida. Recepciones, actos oficiales, suena el himno… probablemente haya canapés … fotos,… ¿soplará las velas?

En Amsterdam pasa la diversión. No sé si en otras partes del país organizan algo parecido, pero yo solo conozco lo que sucede en Amsterdam.

Es lo que yo llamo la fiesta por la fiesta. Por que pongo en duda que a la gente le importe mucho cuándo es el cumpleaños del rey.

El día suele empezar, en muchos lugares, con la gente saliendo a la calle a vender objetos que tenga en casa que no quiere. Como un mercadillo de segunda mano, pero con todo el mundo. Aquí en Haarlem, por poner un ejemplo, se asignan parcelas en la calle donde cada uno puede poner sus objetos o «tienda». Para participar de dicho «mercadillo» hay que pedir permiso.

En Amsterdam se empieza el día anterior con fiestas y conciertos en muchos lugares.

A partir de media mañana del 27, la gente empieza a desplazarse a Amsterdam. Trenes, autobuses y tranvías llenos con gente cuyo destino es el centro de la ciudad.

A medida que va pasando el día se va desatando la locura poco a poco.

Fiestas por todas partes.

Bares, discotecas, escenarios, casas particulares, un grupo de personas… Fiesta y música por todas partes. En el interior y en el exterior.

Rock, metal, trance, house, hardcore,… De todo.

Calles que normalmente están vacías, ese día están infestadas de gente. Tramos de calle que cualquier otro día del año los recorres en 1 minuto, ese día puedes tardar 1 hora. Gente que cualquier fin de semana está borracha, ese día está aún más borracha.

Si la calle se te queda pequeña, no te preocupes, te quedan los canales. Las fiestas siguen en los botes y barcas. Hay tramos de los canales que podrías andar de cabeza en cabeza sin mojarte con el agua.

Hay gente que tiene la teoría que los holandeses se guardan durante todo el año para este día… y para fin de año, también.

Ese día solo hay una regla. Todo el mundo debe vestir de naranja, el color de la casa real holandesa, la casa de Oranje-Nassau.

¿Todo es fiesta, música y alcohol? No, también hay zonas para los pequeños.

Al sur de la ciudad, en el Vondelpark, todo son actividades para los que todavía no tienen edad de estar de fiesta por las calles de Amsterdam. Mientras les llega el momento, allí encontraran actividades, espectáculos, pasteles, cupcakes,… para que las familias vayan a pasar el día con sus hijos.

Obviamente, este año se ha celebrado el Koningsdag con las calles vacías… O casi vacías.

Para finalizar, te dejo un corto vídeo en el que te puedas hacer una idea más visual.

Países Bajos en tiempos de COVID-19

Ya es mucha gente la que me ha preguntado: «¿Qué tal las cosas por Holanda? ¿Estáis igual que aquí?«, así que he pensado hacer un pequeño post resumen sobre el tema.

El primer caso por coronavirus en los Países Bajos se detectó a finales de Febrero en Tilburg (sur de los Países Bajos). Pocos días después de la celebración de los carnavales que son bastante festejados por esa zona del país. Se trataba de un holandés que había viajado al norte de Italia.

Se empezaron a tomar medidas poco a poco, especialmente en la provincia de Noord-Brabant, el principal foco y epicentro del COVID-19 en los Países Bajos. Finalmente, el jueves 12 de Marzo llegaron las primeras medidas aplicadas por el gobierno a todo el país. En mi opinión, medidas de risa, sobre todo, viendo cómo estaba evolucionando la pandemia en otros países como Italia, España o Alemania. Resumiendo estas medidas fueron:

  • Prohibidos grupos de más de 100 personas.
  • Se cierran colegios, institutos y universidades.
  • Se cierran los negocios relacionados con el ocio: restaurantes, cafeterías, coffee shops, gimnasios…
  • Se recomienda a la gente salir de casa lo menos posible y guardar la distancia de seguridad.
  • Se recomienda a las empresas que permitan trabajar desde casa siempre que sea posible.
  • Se pide a la gente enferma que no salga de casa y guarde cuarentena.
  • Se cierra el espacio aéreo con ciertos países.

Todas estas normas aplicaban primero hasta el 31 de marzo y luego apliaron hasta el 6 de abril. Esperando que en esas semanas la curva de infectados y muertos aplanase y bajase. El mensaje inicial del gobierno fue que no se podía hacer un lockdown total del país porque eso podría significar tener el país parado por un tiempo indefinido, que podría llegar a un año, y eso era inaceptable. Se apelaba a la responsabilidad de la gente.

Desde ese día en mi empresa nos dieron la opción a todos de trabajar desde casa y así decidí hacerlo. Desde el lunes 16 de Marzo trabajo desde casa y apenas salimos, a pesar de no estar prohibido. Tirar la basura, ir a comprar y, a veces, salir a dar un corto paseo. Todo, siempre, a última hora de la tarde. Alrededor de las 19.00 cuando casi todo el mundo está cenando.

¿La respuesta general de la gente? Pues aprovechando que el sol y el buen tiempo (por fin) llegó a Holanda, la respuesta fue abarrotar la playa (tenemos la playa a unos escasos 7 kilómetros). Colas de coches entre Haarlem y Zaanvort o Bloemendaal (los dos municipios costeros) para ir a la playa. Desoyendo por completo las recomendaciones del gobierno y, aparentemente, totalmente desconectados de la realidad del resto del planeta. Una locura.

Esto llevó al gobierno a tomar, este lunes 23 de Marzo, medidas mucho más estrictas de las tomadas hasta el momento:

  • Queda terminantemente prohibidos los grupos. Del tamaño que sean.
  • Los negocios que no puedan asegurar una distancia de seguridad entre y con los clientes (como peluquerías) deberán cerrar.
  • Se puede salir de casa siempre que sea para trabajar, cuidar de otros o ir a comprar. Se puede salir a dar un paseo y tomar el freso, pero siempre y cuando no sea en grupo.
  • Cualquiera que esté enfermo deberá quedarse en casa junto con el resto de miembros de la familia.
  • Alcaldes de gobiernos locales podrán aplicar medidas más estrictas que consideren necesarias. Como cerrar playas o espacios públicos.

Entre otras medidas.

Esperemos que surtan efecto, pero imagino que ahora estamos viendo los resultados de las laxas medidas tomadas hasta ahora (junto con la irresponsabilidad de la gente). No será hasta dentro de 1 semana, como mínimo, que podamos empezar a ver los posibles efectos de las medidas tomadas esta semana.

Por el momento mi rutina suele ser levantarme a las 7am. Hago una sesión de 20 minutos de meditación y unos 30 de ejercicios. Una ducha y a tomarme un té, antes de ponerme a trabajar a las 8.30. Horario de trabajo hasta, aproximadamente las 17.00. A partir de esta hora ya depende mucho del día y lo que queramos hacer. Leo, hago otra sesión de ejercicios, charlamos, llamo a mis padres o mi abuela. A partir de las 19.00, si es necesario, salimos a comprar, tirar la basura y/o dar un pequeño paseo.

Desde un punto de vista profesional, echo de menos tener contacto personal con mis compañeros. El trabajo remoto require un sobreesfuerzo de comunicación que el presencial no. Sin embargo, somos una empresa que tenemos el trabajo remoto en el ADN. Una parte importante del equipo está en Kenya, por lo que todas nuestras reuniones involucran video llamadas y personas que no están en la oficina. También me lo estoy tomando como una oportunidad, porque llevo mucho tiempo planteándome la idea de buscarme trabajo que solo ofreciesen la opción de trabajo remoto y este es un buen momento para poder probar si es algo que podría hacer o no.

Desde un punto de vista personal, todavía no se me está haciendo muy pesado. Hay días más pesados que otros, pero aún estoy bien. Además le he ganado al día dos horas (las que dedico en el camino de ir al trabajo y volver) lo que me permite dormir un poco más y realizar actividades que normalmente no puedo hacer.

¿Qué medidas se están tomando en el país que vives? ¿Cómo lo estás llevando?

Échalo de menos

Torstraße – Berlin

Es curioso como un día llegamos a un lugar. Un lugar que no conocíamos y nunca habíamos estado antes. Comienzas a vivir, a conocerlo, a crear hábitos y rutinas, a tener lugares favoritos y a construir recuerdos. Un día decides dejar ese lugar, y ese lugar que antes no conocías se convierte en tu lugar y forma parte de ti para el resto de tu vida.

Como ya expliqué, para mí Berlin, hasta final de los años 90, no era más que la capital de Alemania. Era una capital más de las muchas que aprendí en la asignatura de Geografía. De hecho, debido a mi edad, aprendí que fue la capital de dos países diferentes. Primero la República Democrática de Alemania (la DDR) y luego de la Alemania actual.

No fue hasta finales del siglo pasado y principios de este que la empecé a poner en el mapa por la organización de la Love Parade, el festival de música electrónica más importante del momento. Aunque nunca vine. Solo dos cortas visitas, de 4 días cada una, hasta que en Abril del 2017 salíamos de Barcelona con nuestro Seat León camino de Berlín (previo paso por Lyon y Haarlem) Nuestra cuarta mudanza nos esperaba y una nueva vida en una ciudad que sólo conocíamos de unos pocos días.

Ir a trabajar cada día, visitar museos, conocer mejor el país, su cultura y su triste pasado, muchos paseos por la ciudad, nuestros lugares favoritos en invierno y también en verano, aprovechar a visitar Polonia, conocer (y sufrir) mejor a los alemanes… En definitiva, tener nuestra vida en Berlín. Eso poco a poco va dejando recuerdos en el pasado. Recuerdos que ya nunca olvidas.

Como ya nos pasó en su momento con Haarlem, Berlín ya nunca va a ser lo mismo para nosotros. Se quedan atrás recuerdos, una parte de nuestra vida y personas. El día que volvamos a Berlín, no volveremos a una ciudad, volveremos a la que una vez fue nuestra casa y seguro que tendré esa misma sensación que tengo con Barcelona y tenía con Haarlem. Ir paseando por casa, sin serlo.

El día que nos marchamos tuve una sensación agridulce. Esa alegría de empezar un reto y una vida nueva, pero con la tristeza de dejar atrás algo agradable y muy buenos recuerdos. Parte de mi vida. Han pasado tres meses y todavía estamos en proceso de adaptación. En proceso de aún recordar Berlín y echarlo de menos.

Pero a pesar de todo, esa es la forma de marcharse de un lugar.

Si algún día dejas un lugar, hazlo de forma que lo vayas a echar de menos. Esto significaría que has vivido y disfrutado totalmente ese lugar.

No va a ser lo mismo

Haarlem
Haarlem

Cuando a mediados de Noviembre de 2010 aproveché la oportunidad que se me presentó para dejar la empresa en la que trabajaba y así podernos ir a vivir a otro país, no pensábamos que todo iba a ser diferente.

Fue mi jefe quien, el mismo día que le dije que quería marchar, me recomendó Holanda. Tenía unos amigos viviendo allí y estaban muy contentos. «La calidad de vida es muy alta y hablan muy bien el inglés», me dijo.
¿En serio me estaba ayudando a marchar de la empresa 🤔?
Esa misma noche investigamos, buscamos información y decidimos que Holanda era el destino al que queríamos ir. La semana siguiente yo dejaba la empresa y Nadia un mes después. En Enero, pisábamos el país por primera vez en nuestras vidas y lo hacíamos para buscar piso. Un mes después nos mudábamos sin trabajo, pero cargados de mucha ilusión e insensatez.

Escogimos Haarlem por simple azar. No lo conocíamos, pero cumplía tres requisitos importantes: estaba muy cerca de Amsterdam, los precios que vimos entraban dentro de nuestro presupuesto y en las fotos tenía pinta de ser un lugar donde se podía vivir bien. Excepto algunas fotos de invierno, esas las obviamos un poquito. Primero fuimos a Haarlem, luego conocimos Amsterdam. Al revés de como suele hacer la gente.

Un año allí fue suficiente para enamorarnos de la ciudad y hablarle a todos de lo que nos había gustado la experiencia. Hicimos amigos que aún mantenemos. Pero, a pesar de todo, nos fuimos. Primero a Londres, luego otra vez de vuelta a Barcelona. Desde entonces hemos vuelto, como mínimo, una vez al año para pasar unos días e ir a nuestros lugares favoritos. Normalmente relacionados con la comida.

Cuando hace unos meses decidimos que, después de casi tres años, dejaríamos Berlín para volver a los Países Bajos, y que nuestro destino volvería a ser Haarlem, comencé a escuchar lo mismo, a medida que lo comunicábamos: «Ah! vuestra ciudad!», «Al menos el lugar ya lo conocéis», «Está bien, porque es el sitio que a vosotros os gusta». Toda la turra que dimos en su momento parece que caló bastante hondo en sus subconscientes 😀

Pero yo sabía que no iba a ser lo mismo. Que hay muchas razones para que no lo fuese.

Han pasado 9 años desde que estuvimos aquí y en nueve años las ciudades suelen cambiar. Se masifican más, se encarecen, reciben más turismo, cambia el estilo de vida,… A veces pueden ser cambios insignificantes, pero a veces pueden marcar la diferencia. Por el momento, Haarlem en todo este tiempo se ha encarecido. Mucho.

El idioma hace mucho. En 2011 Nadia no hablaba inglés, yo apenas me defendía y ninguno hablaba holandés (¿a que suena a plan perfecto?). Ahora los dos nos comunicamos en un inglés (más o menos) fluído, ella sabe holandés y yo alemán (que aún sin ser igual, ayuda). Si no sabes el idioma tienes un muro, un muro que no te permite integrarte al 100% y te pierdes muchas cosas. Con el idioma se abre un nuevo mundo delante nuestro que antes no teníamos.

Nosotros tenemos nueve años más. Somos más viejos, más sabios, más experimentados, nuestra juventud es diferente… como quieras llamarlo. Pero con el paso del tiempo cambian nuestras preferencias, nuestros gustos, nuestras prioridades. Lo suficiente para que cosas que te gustaron hace nueve años no te gusten tanto ahora.

Cuando nos mudamos aquí por primera vez, éramos vírgenes. Era la primera vez que salíamos del «nido» y no sabíamos qué esperar. Pero ahora hemos vivido en otros lugares. Estuvimos 6 meses viviendo en Londres. Volvimos a Barcelona donde estuvimos casi cinco años, que no fueron iguales a antes de marcharnos. Y hemos estado casi tres años en Berlín. Por mucho que no seas consciente, todo esto te cambia. Te da nuevas experiencias y nuevas perspectivas.

Y ahora comparamos. Antes no teníamos con qué compararlo, todo era nuevo y la única comparación era Barcelona. Ahora venimos de Berlín y las comparaciones son diferentes. Y eso también cambia mucho la experiencia. Por ejemplo, en transporte público entre Haarlem y Amsterdam se tarda entre 45 y 60 minutos, según donde quieras ir. En 2011, que yo venía de 7 años yendo a trabajar en coche, cogiendo caravanas y tardando entre 60 y 90 minutos por trayecto (entre 2 y 3 horas perdidas cada día) para ir a trabajar, tardar entre 45 y 60 en trasporte público fue como tocar el cielo (en serio, ¿alguien ha conseguido tocar el cielo y saber si es tan bueno?). Sin embargo, ahora vengo de una situación en que tardaba 30 minutos andando. Por comparación, el mismo trayecto Haarlem-Amsterdam ha pasado de ser un aumento de calidad de vida a perder en calidad.

Nos empeñamos siempre es buscar la estabilidad, lo conocido, la permanencia de las cosas. Pero, a diferencia de aquel Noviembre de 2010, sé que todo va a ser diferente. Que nada va a ser lo mismo a lo que fue en el 2011.

Berlin

Naturkundemuseum

Fue a finales de los 90 cuando, gracias a la Love Parade, me fijé en Berlín y a tener mis primeros deseos de venir. El mayor evento de música electrónica, ¿porqué no hacer una escapada?

Me gustaba (y me gusta) la música electrónica, era un asíduo de algunas de las discotecas catalanas y, entonces, Berlín era el epicentro.

Pero nunca vine.

No fue hasta Abril del 2006 que no tuve la oportunidad de venir por primera vez a Berlín, y no fue para la Love Parade 😭

Si no por temas de trabajo. 🎰

En la empresa en la que trabajaba íbamos a colaborar con una empresa alemana, con sede en Berlín, y vine para tener las primeras reuniones con ellos.

Cuatro días en Berlín. Y hubo algo de la ciudad que me cautivó. No sabía el qué y aún no sé explicar el qué. Pero está ciudad me cautivó.

Debo aclarar que vine en Abril. Eso ayuda.

Uno de los compañeros de dicha empresa berlinesa me dijo una frase, que aún no he olvidado, y probablemente explique dicha sensación. Aprovechando una visita a nuestras oficinas, quería visitar Barcelona y hablando sobre Barcelona y Berlín me dijo: «hay dos tipos de ciudades: las que se visitan y las que se viven. Berlín y Barcelona necesitas vivirlas».

Viviendo ya en Holanda, en el 2011, aprovechamos un puente para volver a Berlín. Esta vez vacaciones. Berlín está a unos 600 kilómetros de Haarlem, podíamos hacer una escapada en coche. Además, mi querida esposa estaba intrigada. Si tan pesado estaba yo con Berlín sería por algo, ¿no? 🤣 Quería descubrir con sus propios sentidos qué me tenía enganchado de esta ciudad.

Otros cuatro días aquí y seguía habiendo algo de la ciudad que me cautivaba. No tanto para Nadia 🙂 que no me entendió.

Debo volver a aclarar que la visita fue en Junio 😉

Como nota curiosa, esos días nos alojamos en un apart-hotel al lado de Naturkundemuseum. Totalmente ignorantes (obviamente, aún visualizamos el futuro) de que nos alojábamos a unos escasos 5 minutos caminando de la que en el futuro iba a ser nuestra casa en Berlín.

No fue hasta el 2017 que gracias a una oportunidad profesional en la empresa que trabajo, King, que cumplí mi sueño de finales de los 90 y nos mudamos, hasta día de hoy. Camino de los tres años en Berlín. Y estoy muy contento de haberlo podido hacer.

He podido finalmente conocer Berlín y ver sus dos caras. Berlín tiene muchos fans acérrimos y muchos haters. Y justamente creo que es interesante por eso. A mí me sigue gustando, a pesar de haberle visto la cara menos agradable de la ciudad… y el invierno «Mórdico»

Pues ha llegado el momento de pasar página en nuestras vidas y empezar nuevo capítulo. No cerrarnos psicológicamente a unas fronteras nos permite estos cambios. Hemos decidido, casi tres años después, marcharnos y mudarnos. Volver a Haarlem.

Estamos disfrutando nuestros últimos días en Berlín y Alemania y, a la vez, mis últimos días en King, una empresa en la que he estado 7 años y para la que estoy muy contento y orgulloso de haber trabajado. Pero llegó el momento de cambiar.

Berlín ha dejado de ser esa ciudad a la que soñaba ir a finales de los 90, para ser la ciudad en la que se queda, para siempre, parte de mi vida y mi pasado.

Un trocito de mi corazón se queda en Berlín, como ya se quedó en su momento en Haarlem.

¡Nos vemos en Haarlem!